¿Un cáncer capaz de repararse a sí mismo?

Los perros, lobos y coyotes pueden padecer una forma contagiosa de cáncer que tiene la capacidad de repararse a sí mismo a expensas de sus víctimas, según informa un nuevo estudio publicado en la revista Science.

El descubrimiento podría ayudar a explicar cómo esta enfermedad, el tumor venéreo transmisible (CTVT), ha persistido en la población canina durante 10.000 años. En esta especie el cáncer se transmite normalmente durante el apareamiento, aunque también se puede transmitir cuando un perro sano lame, muerde o huele las zonas afectadas por el tumor de una víctima. “Es posible que cuando los perros fueron domesticados por primera vez, la endogamia fuera bastante elevada, de modo que individuos diferentes eran genéticamente muy similares y esto podría haber ayudado a las células cancerosas de un perro a poder crecer en otro”, afirma Austin Burt coautor del estudio, a news.discovery.com.

“A partir de entonces, a medida que los perros fueron criados en muchas direcciones diferentes aumentó la diversidad genética, el cáncer pudo haber evolucionado para ser capaz de crecer en una amplia gama de genotipos”, añadió Burt, profesor de genética evolutiva en el Imperial College de Londres. Él y sus colaboradores, Clare Rebbeck y Armand Leroi, analizaron la estructura celular de una representación geográficamente diversa de muestras de CTVT. Los autores se dieron cuenta de que el cáncer a veces se apodera de la “central eléctrica” o mitocondria, de las células hospedadoras para repararse a sí mismo en respuesta a la acumulación de mutaciones genéticas.

Para determinar si esto era lo que realmente sucedía, los científicos estudiaron el desarrollo evolutivo de los perros y los lobos. Sólo se conocen casos de transmisión de la enfermedad de un perro a otro, y “los perros salvajes -los que realmente viven en libertad- son los más propensos a entrar en contacto con el cáncer y a ser transmisores”, afirmó Burt. “En el laboratorio se puede transmitir experimentalmente a los zorros, pero no tenemos conocimiento de ninguna evidencia de que se haya transmitido de forma natural a ninguna otra especie”, añadió.

Tanto él como la American Cancer Society aseguran que ninguna forma de cáncer humano es contagiosa. Dicha sociedad señala que ciertos gérmenes pueden influir sobre el riesgo de padecer cáncer y desempeñar un papel en el desarrollo de algunos tipos de cáncer, igualmente la Sociedad añade rápidamente que “una persona sana no puede “contraer” el cáncer de alguien que lo tenga”. No está claro si los nuevos hallazgos sobre la capacidad del cáncer de repararse a sí mismo se pueden aplicar al cáncer humano y a los cánceres contagiosos en todo el reino animal.

El Tumor Facial del Demonio de Tasmania
Uno de estos cánceres, el tumor facial del demonio de Tasmania (DFT) es especialmente preocupante, ya que muchos de estos animales han muerto por la enfermedad en los últimos años. En 2009, los diablos de Tasmania, entraron en la lista de animales en peligro de extinción. Los investigadores están luchando para encontrar mejores tratamientos y una posible cura para la DFT, con la esperanza de evitar la extinción de esta especie.

Burt dijo que tanto CTVT como DFT “son cánceres transmisibles. CTVT tiene menos probabilidades de ser mortal que la enfermedad del diablo de Tasmania”, que se transmite principalmente durante las peleas.

Robin Weiss, profesor de oncología viral del University College de Londres, afirmó que duda que la nueva investigación conduzca a importantes avances médicos sobre el cáncer, pero cree que el estudio presenta “un precioso fragmento sobre la biología evolutiva.” La buena noticia sobre el CTVT es que a menudo puede ser tratado con éxito con medicamentos. Burt añadió que “además, muchas veces el cáncer es finalmente reconocido por el sistema inmunitario del perro y éste se recupera sin tratamiento”.

Fuente: Portal Veterinaria/Perlas de Salud
Diario de Referencia: Rebbeck Clare A., Armand M. Leroi y Burt Austin. Captura mitocondrial por un cáncer transmisibles. Ciencia, 21 de enero de 2011: vol. 331 no. 6015 p. 303 DOI: 10.1126/science.1197696
Foto: Stockphoto/latercera