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lunes 19 agosto 2019
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Los animales se reconocen cuando se miran al espejo

Diversas investigaciones observaron el comportamiento animal para determinar si ellos son concientes o no de su imagen. Recién en 1989 se postuló por primera vez la conexión entre el autorreconocimiento en el espejo y el sentido interno de uno mismo en las personas.

Hacia 1960, el doctor Gordon Gallup Jr. experimentó el comportamiento de chimpancés frente a un espejo colocado en sus jaulas y observó su comportamiento. Además de analizar sus propios cuerpos, los animales respondieron en forma asombrosa a otros experimentos creados por Gallup como verificar si eran capaces de identificar en el espejo, en forma contraria, algunas manchas que habían sido pintadas mientras dormían.

Fuente: El Nacional

Alguna vez has visto a tu gato pasar frente a un espejo y brincar del susto o a tu perrito ladrarle a su propio reflejo. ¿Serán los animales conscientes que son ellos mismos los que están al otro lado del espejo?

En 1882, Wilhelm Preyer escribió un libro llamado El alma del niño donde hace una descripción detallada del desarrollo psicológico de su hijo Axel en sus tres primeros años de vida. Preyer quiso saber cuándo tomamos conciencia de nuestro propio cuerpo, para ello hizo pequeños experimentos poniendo a niños de diferentes edades frente a un espejo. En 1889 postulaba por primera vez la conexión entre el autorreconocimiento en el espejo y el sentido interno de uno mismo en las personas.

A fines de la década de 1960, el Dr. Gordon Gallup Jr. realizó experimentos similares a los de Preyer pero con chimpancés. Por ese entonces, Gallup trabajaba en la Universidad Tulane, en Louisiana (EEUU), donde se realizaban algunos experimentos biomédicos con chimpancés. Gallup consiguió dos de estos simios y los puso dentro de unas jaulas con un espejo al frente por ocho horas diarias durante diez días. Las jaulas tenían una pequeña ranura por donde Gallup veía lo que sucedía adentro.

Al inicio los chimpancés se sentían amenazados por su imagen reflejada en el espejo, creían que se trataba de otro chimpancé por lo que les hacían gestos desafiantes, gruñidos o trataban de golpearlos. Sin embargo, con el paso de los días, los simios mostraron otra actitud hacia sus reflejos. Usaron los espejos para analizar sus propios cuerpos, especialmente, en regiones inaccesibles para su campo de visión: se tocaban e inspeccionaban sus genitales, se sacaban restos de comida de entre sus dientes o partículas extrañas dentro de sus fosas nasales. Incluso hacían burbujas con su saliva frente a los espejos. Esto fascinó a Gallup pero necesitaba una prueba más convincente que demostrara que los chimpancés lograban reconocerse a sí mismos frente al espejo.

En un segundo experimento, Gallup anestesió a los chimpancés y mientras dormían les pinto una ceja y la punta de la oreja opuesta con tinta roja para ver si eran capaces de reconocer las manchas. Cuando despertaron, los chimpancés tuvieron un tiempo dentro de las jaulas sin los espejos para ver si sentían algo raro en sus cejas y orejas que podrían alterar el experimento. Los simios no se percataron de nada. Después de una horas, Gallup colocó los espejos en las jaulas y, según lo esperado, los chimpancés empezaron a mirarse las manchas, a tocarlas y ver si la pintura quedaba impregnada en sus dedos. “Fue tan claro como el día”, recuerda, “no requirió ninguna prueba estadística”. El estudio fue publicado al año siguiente en Science [aquí el pdf].

Gallup no sólo experimentó con chimpancés, también lo hizo con monos pero estos no respondían de la misma manera por lo que concluyó que la habilidad de reconocerse no depende de la capacidad de aprendizaje (unos más lentos que otros) sino de su capacidad intelectual, la cual es mayor cuanto más relacionados con los humanos estén.

Los experimentos con animales no quedaron ahí. A inicios de la década de 1990, Gallup llegó a la Universidad Estatal de Nueva York (EEUU) y animó a su estudiante de doctorado, Lori Marino, a que siga con sus investigaciones. Marino se interesó en otro mamífero considerado muy inteligente: el delfín cuello de botella. Contactó a Diana Reiss quien trabajaba en un parque acuático en California y juntos estudiaron el comportamiento de los delfines frente a los espejos.

Los resultados, que fueron publicados en el 2001 en PNAS, fueron sorprendentes. Los delfines también se reconocían en las superficies reflejantes. “Tenían sexo unos con otros frente a los espejos”, comenta Marino quien ahora cuenta con varias cintas pornográficas de delfines bajo su colchón (es broma). Y no solo eso, cuando les ponían manchas de pintura negra en el cuerpo, los delfines las analizaban frente a los espejos.

Sin embargo, hay investigadores que critican estos estudios y sus conclusiones. Uno de ellos es Daniel Povinelli. Él menciona que no necesariamente los chimpancés tienen conciencia de que son ellos los que están en el espejo, tal vez sólo ven un cuerpo en la imagen (que no necesariamente es él) pero que hace los mismos gestos y movimientos. El animal puede establecer cierto tipo de conexión que les diga que si la imagen en el espejo tiene una mancha en el cuerpo, él también lo tendrá.

Povinelli llama a todo esto “psicología popular” que básicamente es hacer inferencias no científicas en base a nuestras experiencias humanas. Por ejemplo, cuando uno se lava los dientes, ¿será la misma parte del cerebro la que razona que somos nosotros los que estamos proyectados en la imagen del espejo y la que mueve nuestras manos hacia los dientes para el cepillado? Tener conciencia de uno mismo tal vez es diferente a saber donde están ubicadas las partes de nuestro cuerpo.

Lo cierto es que ni siquiera contamos con una definición consensuada y científicamente válida de conciencia, así que las discusiones en el campo de la psicología comparativa tienen para rato.

Curiosidad: Se dice que un buen porcentaje de los esquizofrénicos no pueden reconocerse en el espejo.

Fuente: El Comercio